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Tenía otro enojo, muy parecido al que les dedicó a los empresarios: era contra los sindicatos. Lo llamó por su nombre a Antonio Caló, que estaba entre los asistentes, para reprocharle que haya dicho que los salarios no les alcanzan a los trabajadores. El líder de la CGT oficial había dicho eso y también habló por teléfono con Hugo Moyano para coordinar acciones conjuntas. Cristina no se lo perdonó. Y terminó retando a los sindicatos porque sólo piensan en aumentos salariales. ¿Qué deberían hacer entonces ante la imparable ola de aumentos de precios? Controlar los precios, alentó. Agolparse en las puertas de los supermercados. Presionar sobre los dueños de los comercios. Es decir, llevarles a los privados un problema que es del Gobierno.

 

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